"No pinto el ser, pinto el pasar", dice Montaigne (Ensayos, III, 2), tal vez recordando a Heráclito. Todo está de paso por este lugar: lo mostrado, quien lo muestra, quien lo ve. Al fondo, la montaña Huangshan, en el corazón de China, por donde anduve deambulando hace unos años. Y conste que, si el título de este cuaderno está en francés, es solo porque en español ya estaba ocupado. En realidad, esa imagen, la montaña vacía, es un lugar común del taoísmo. ¿Y no son estos cuadernos, al fin y al cabo, un lugar común por donde todos transitamos? Lugares comunes, lugares ocupados, lugares vacíos.

martes, 30 de octubre de 2012

Versos de otoño


El otoño ha borrado los caminos
y oculta en amarillas avenidas
huellas que habrían sido en otras vidas
caligrafía de nuestros destinos.


No son sus dedos lo bastante finos
para desenlazar fatales bridas
en oblicua fusión de sendas idas,
en fuga diagonal de desatinos.


En ti sueña el otoño, a mí me lleva,
dibujando certezas de mudanza,
dejándonos en blanco frente a frente.


Y su pausado pálpito renueva
esa fantasmagórica esperanza
de perderse en su estela dulcemente.





viernes, 5 de octubre de 2012

It was 50 years ago today (5.10.1962)

Hace hoy cincuenta años, el 5 de octubre de 1962, se ponía en venta el primer disco publicado por los Beatles como grupo autónomo: el single "Love Me Do" / "P.S. I Love You". Sorprende pensar que la comercialización de este pequeño círculo de vinilo, entonces insignificante, haya cobrado con el tiempo una dimensión casi trascendental. Pero antes de examinar las circunstancias de ese nacimiento, recordemos sus antecedentes inmediatos.

Los dos ejemplares que un servidor posee del single originalLas diferencias en el sello muestran que corresponden a distintas tiradas del disco,
separadas por un intervalo de semanas. La cubierta de papel se presentó simultáneamente en estos dos diseños distintos.
El 16 de agosto es expulsado el batería Pete Best, según se narra en otra página de este cuaderno. El 18 de agosto Ringo Starr, tras dejar a su grupo Rory Storm and the Hurricanes, toca por primera vez como miembro oficial de la banda en la localidad de Port Sunlight. El 22 de agosto la cadena Granada TV filma el único documento visual conservado de una actuación de los Beatles en The Cavern, el local donde habrían de tocar 292 veces. Los técnicos hacen diversas filmaciones mudas y, en fecha posterior, varias grabaciones de sonido, una de las cuales se superpuso después a las imágenes para su difusión. El montaje más conocido, con la canción "Some Other Guy", puede verse aquí; y los detalles de todo el proceso se explican aquí. El trauma de la sustitución del batería está reciente: al final de la grabación se oye a un aficionado gritar "We want Pete!". Al día siguiente, 23 de agosto, John Lennon se casa con su novia Cynthia Powell, después de que esta le ha comunicado que está embarazada de unas cuatro semanas. Julian nacería el 8 de abril de 1963. No se tomaron fotos en la boda, pero Cynthia hizo un dibujo. El 4 de septiembre los Beatles realizan su segunda sesión de grabación, primera con Ringo, en los estudios londineses de EMI. Graban, entre otras cosas, varias tomas de "Love Me Do". El 11 de septiembre tiene lugar la tercera sesión de grabación, esta vez con el batería Andy White, que el productor George Martin ha contratado por no haber quedado satisfecho con las prestaciones de Ringo una semana antes. "Love Me Do" queda concluida.


Fotograma de una de las filmaciones del 22 de agosto de 1962 en The Cavern
Ringo en los años con
Rory Storm and the Hurricanes
Cynthia a comienzos de los 60
Cynthia dibuja su boda, celebrada el 23 de agosto de 1962.
El padrino es Brian Epstein; los testigos, Paul y George.
Andy White
La sesión del 4 de septiembre de 1962

Dicen las historias que Paul compuso "Love Me Do" hacia 1958, a sus dieciséis añitos, mientras hacía novillos, y que después la concluyó con su compañero John, que aportó la sección intermedia. Es una canción sencilla y tersa de puro rythm and blues, pero también pudiera considerarse como el producto en miniatura de un vasto experimento, acaso no deliberado, de síntesis musical: una concepción lírico-amorosa convencional, pero mitigada por el marcado acento de blues, que se sostiene sobre la atrevida armónica de John; una estructura de rocker clásico, pero enriquecida por un ritmo lento y variado; una dicción dulce, ciertamente inspirada en el estilo de los Everly Brothers, pero dotada de mayor contundencia gracias a la complementariedad, al recíproco refuerzo tímbrico de las voces de John y Paul... El efecto de esta pócima, bajo su aparente inocencia, es drástico: seducción total. De hecho, combinados, los títulos de las dos canciones de este histórico single pueden leerse como una brevísima carta, entre admonitoria y premonitoria, dirigida por el grupo a su público, el ya adepto y el dispuesto a serlo, con un lacónico mensaje de intimación emocional: "Quiéreme mucho. Posdata: Yo te quiero a ti".

En este sentido, tiene "Love Me Do" un momento muy especial, que señala la originalidad de su expresión: el ruego que precede a la línea central, prolongado como un alarido exquisito de anticipación de placer: so plea-ea-ea-eaaaase... Es este un recurso que reaparece, más explícito y mitad falsetto, en "Please Please Me" (1963); y, ya con tintes de desesperación, en "Help!" (1965). La obvia resonancia sexual de esta súplica, estirada hasta lo imposible en un sonido a la vez agudo y armónico, mezcla de masculino y femenino, orgásmico, es marca de fábrica de los Beatles y, probablemente, buena muestra de los mecanismos en que basaron su todopoderosa capacidad de gustar. Pero no es un juego que caiga en fáciles histrionismos, sino que se complace en retozar con el oyente. Así, ante la inminencia de clímax en que se detiene ese grito, se produce un vacío inmenso y vertiginoso; y en ese espacio sin fondo se delinea nítidamente, surgido del silencio y en tono grave, el mensaje central, conminatorio: love me do. Parece que era John en un principio quien cantaba como solista, pero el hecho de que la primera nota de su frase de armónica coincidiera con la articulación de la sílaba do determinó que fuera Paul quien cantara en solitario la línea central. Y ahí está, asomándose a un abismo, como si saliera por una puerta a un escenario vacío para pronunciar una frase mágica ante la multitud. No es extraño que (en una de las versiones) le tiemble la voz, como él muy bien recuerda y nosotros podremos siempre oír.

El grupo posa, ya con cierta seguridad, durante la grabación del 4 de septiembre de 1962.
George tiene un ojo morado como consecuencia de una reyerta provocada entre los fans por la sustitución de Pete Best.
No nos extendamos mucho, pero recordemos que la historia de la grabación de “Love Me Do” tiene algo de rocambolesco y zigzagueante, debido fundamentalmente a las vicisitudes de la percusión, y que en muchos aspectos se contradicen los testimonios de sus protagonistas. En resumen, sabemos que, en la primera sesión de grabación realizada por los Beatles en EMI el 6 de junio, tocó la batería Pete Best. Esa es la versión que había de quedar inédita hasta publicarse, tanto en vinilo como en CD, en el primer bloque de la serie Anthology (1995). El 4 de septiembre, con Ringo a la batería, se realizaron las primeras tomas de la canción destinadas al disco. La mezcla de esta versión aparecería únicamente en los primeros miles de ejemplares impresos del single “Love Me Do” / “P.S. I Love You” y fue reproducida posteriormente en el disco estadounidense Rarities (1980), en el disco Past Masters, volume one (1988) y, más recientemente, en el CD Mono Masters (2009). La tercera versión corresponde a las grabaciones del 11 de septiembre, en las que Andy White toca la batería y Ringo, a modo de consolación, la pandereta. Esta versión, más rápida y mejor resuelta, se imprimió en las tiradas siguientes del single y se incorporó al repertorio discográfico oficial al ser la elegida para figurar en el primer LP, Please Please Me (1963). Escuchar y percibir las diferencias entre estas versiones, desde nuestra perspectiva actual, forma parte del placer de rememorar y degustar aquellos comienzos algo vacilantes pero, por qué no decirlo, encantadores.

Con este disquito, aparentemente discreto e ingenuo, pero preñado ya de atisbos y signos reveladores, se iniciaba una auténtica revolución sonora. Era, sin saberlo, la primera pieza de un fabuloso caleidoscopio, y con ella empezaba a ensamblarse un legado que año tras año, década tras década, parece ensanchar su espacio en el canon cultural de los tiempos modernos. Pero apenas podía verse como algo más que un par de sencillas canciones de amor, hace hoy cincuenta años.